Poiêsis I

julio 18, 2007

Ahora estarás leyendo estas líneas. Discúlpame si mi prosa no es nada ágil y te resulta poco clara, nada más es producto del cansancio derivado de muchas noches sin dormir o como mucho durmiendo mal y poco. Tampoco aspiro a que comprendas todo lo que te quiero decir, ya que eso resultará imposible. No cuestiono tu capacidad de entendimiento, ni mucho menos, es la imposibilidad mía y de todos de plasmar los mas pequeños recuerdos en un escrito, sean largos o cortos forman parte del presente y como tales no pueden ser el reflejo de los sucedido; el mecanismo que todos llevamos desde que nacemos nos alarga o comprime, los hace felices o desdichados, nos sitúa como actores principales o somos meros observadores. Decirte ahora, aquí, todo lo que pienso que he vivido sería mentirte a ti y a mí. También sería una mentira la interpretación que sustrajeras de lo que pudieras leer: tu imagen, tus recuerdos distorsionarían mis imágenes como los míos hacen con los tuyos. No pienses que hemos vivido vidas separadas, siempre juntos pero ajenos el uno del otro, nada más lejos de la realidad. Lo hemos hecho todo pensando siempre en el otro, en la búsqueda de la felicidad del prójimo para que revertiera en la nuestra; pero cuando me he dedicado a indagar en varios recuerdos, aquellos que siempre pensé que eran los más significativos, nunca eran los mismos. Tan cambiantes han sido los cambios de ánimo que no hasta hoy no he sabido cual de las versiones era la cierta.

¿Recuerdas aquel viaje en tren que pasamos en silencio todo el trayecto? Antes de ayer por la noche pude contar todos los latidos de tu corazón, pausado, sosegado, arropándome en su cadencia. Ni siquiera la interrupción del revisor hacía descompasar su marcha serena. Los dos mirando hacia el infinito y viéndonos al mismo tiempo. La luz del atardecer que nos acompañó al principio dejó paso a un hermoso crepúsculo, mientras las ciudades desaparecían una a una llevándonos a los campos que tú habías recorrido de niña subida en la bicicleta con tu padre.

Todo esto se alargó durante más tiempo que el propio viaje. Mi mente, mi inconsciente, o las propias ganas de mentirme, algo que nunca sabré, hicieron recrearme en el recuerdo de aquel viaje, mi primer viaje contigo. En cambio, hasta hace dos noches siempre recordaba el viaje como una prueba. Tu silencio y el mío era la primera de tantas batallas que ganaste. Nunca me acostumbré a pasar horas y horas sin decirnos absolutamente nada. Mirándonos y apenas acariciándonos. Pienso que para ti sería maravilloso. Para mi no lo era hasta antes de ayer. Curioso que ahora estás tan lejos.

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